domingo, 22 de abril de 2018

Reseña: Las cosas que no nos dijimos



DATOS DEL LIBRO

Título: Las cosas que no nos dijimos
Editorial: Planeta
Autor: Marc Levy
Nº de páginas: 352
Género: Narrativa
ISBN: 978-84-08-09403-6

Sinopsis.

Cuatro días antes de su boda, Julia recibe una llamada del secretario personal de Anthony Walsh, su padre. Walsh es un brillante hombre de negocios, pero siempre ha sido para Julia un padre ausente, y ahora llevan más de un año sin verse. Como Julia imaginaba, su padre no podrá asistir a la boda. Pero esta vez tiene una excusa incontestable: su padre ha muerto.


 Opinión personal.

Las cosas que no te dije…”sueña despierta, vive, vive intensamente, quiere, pero sobretodo quiérete, despéinate, baila…y…ante todo lucha por tus sueños que yo…te aportaré mi granito de arena” feliz blog.

Esto es lo primero que leí cuando mi amiga Laura (una de mis mejores amigas) me regaló el libro, y al abrirlo encontré un post-it con una nota. Esto ocurrió hace unas semanas, uno de esos viernes de cerveza en un bar. Así que el fin de semana empezó bien.

Dicho esto, voy a pasar a la novela. Tenía muchas ganas desde hacía tiempo de leer algo de este autor, pero al final, lo iba aplazando porque era de esas lecturas que no encontraba el momento. Y ahora, después de terminar la novela, tengo que admitir que me ha gustado bastante, más de lo que imaginaba. Por lo que había investigado, Marc Levy construye sus novelas a base a emociones muy humanas y diversos momentos de la vida complicados que las personas puedan vivir, como por ejemplo el duelo, esos momentos llamados “las cosas de la vida”.

La historia empieza cuando Julia, unas horas antes de casarse recibe la noticia de la muerte de su padre. Nunca tuvieron una relación demasiado estrecha, especialmente desde unos años atrás, cuando ocurrió un suceso que actuó de punto de inflexión y rompió la relación que ya estaba deteriorada. Julia no sabe muy bien qué sentir, y anula la boda porque el funeral se celebra ese mismo día. Y unos días después, recibe un paquete enorme en su piso de Nueva York. Al abrirlo, se encuentra con un androide, una réplica de Anthony Walsh, su padre. Al androide se le han implantado todos los recuerdos de Anthony, incluso la manera de actuar, y tendrá una vida de 6 días. Ese es el tiempo del que dispondrá para recuperar el afecto de su hija. Una segunda oportunidad para recomponer lo roto.
En realidad, el androide no es el padre de Julia, y él ya se encarga de ir aclarándolo, porque Julia no puede evitar verlo como a su padre. La mente humana tiende a encapricharse y a humanizar objetos que nos resultan valiosos. Recuerdo que cuando yo era pequeña, el tamagotchi estaba muy de moda, y le cogíamos cariño a un juguete que no dejaba de ser una máquina con una pila. Lo que quiero decir es que, si un juguete enano es capaz de inducir cierta responsabilidad, ¿cómo no vas a sentir fuertes emociones con la réplica de tu padre fallecido?
La novela me ha recordado a un capítulo de Black Mirror (una de las mejores series que he visto), en la que una empresa se dedica a replicar a la persona fallecida si le envías mails, lo publicado en sus redes sociales, fotos, vídeos… Ellos se encargan de que la persona te realice una llamada por las noches. En el capítulo, la protagonista no supera la muerte de su marido y cuando las llamadas se le quedan cortas, contrata el siguiente nivel: enviar el androide a casa.
El tema es abordado de diferente manera. Mientras que en Black Mirror es la viuda la encargada de contratar el servicio porque no supera la pérdida, en la novela es el propio fallecido quien busca una segunda oportunidad y el perdón de su hija.

En resumen, el libro trata sobre cómo algunos sucesos del pasado nos pasan factura en la actualidad. Ese arrepentimiento por el quise y no pude, que no es más que una excusa a una pasada cobardía, o las relaciones parentales no solventadas a tiempo. Al final, nunca se sabe cuándo es tarde para algo y muchas veces pensamos que, si tuviéramos una segunda oportunidad, si volviéramos atrás sabiendo lo que sabemos, las cosas serían diferentes.
Dicho esto, no es una novela de autoayuda, pero sí contiene esa moraleja intrínseca de pensar: mejor arrepentirte de lo que hiciste que de lo que no hiciste.

Lo que me ha gustado: la idea que transmite del perdón y pasar página, es como un libro que critica las maldades humanas. Me sorprendió la idea del androide, creí que recibiría cartas y que sería la propia Julia la encargada de investigar la vida de su padre. Ya había leído varios libros así y lo empezaba a encontrar aburrido y cansino, pero la idea del androide me ha sorprendido muchísimo, y me encantó. También me han gustado los diálogos entre padre e hija (o mejor dicho, entre androide e hija del fallecido) en modo de discusión en los que se reprochan y a la vez se excusan.

Lo que no me ha gustado: es un best seller, a veces cae en algún tópico, como, por ejemplo, que Anthony Walsh sea el típico padre empresario, rico, frío, despegado familiarmente. Otro tópico, amores incondicionales e inolvidables del pasado. Aunque en lo referente al amor, sí me he encontrado un par de frases o temas que me han sorprendido. La primera es la frase: el amor romántico dura siete años. Y la segunda es la capacidad de una pareja en superar una infidelidad cuando se quieren de verdad. Pero toda la historia lo compensa. No me voy a poner tiquismiquis.

Es un libro que recomiendo por el sentimiento humano que conlleva, y porque creo que (a excepción del androide que se pasea por Nueva York, Canadá, Europa) me ha parecido realista. Quizás realista en el sentido de que todos hemos cometido nuestros errores, y todo el mundo ha hecho daño a alguien en algún momento, aunque haya sido sin pretenderlo. Porque al final, no existe una manera correcta de dañar a alguien a quien quieres.



jueves, 12 de abril de 2018

Sobre literatura: últimas lecturas




Feliz jueves a todos, ¿cómo va vuestra semana? Hoy voy a escribir sobre dos lecturas bastante recientes: La semilla de la bruja y La chica del cumpleaños.


La semilla de la bruja.  Margaret Atwood.


Será verdad eso que dicen que cuanto más alto subes más dura es la caída. O, su traducción: ¿qué haces cuando has leído tres novelas de un autor y te han apasionado, y la cuarta no es que la encuentres floja, sino que piensas “pero que mierd…estoy leyendo”????
Pues nada, las dos opciones son o abandonar el libro o leerlo sin ganas. Y yo hice esto último.
Que conste que me duele lo que voy a explicar sobre esta novela, pero entendedme, había encontrado en Margaret Atwood a un referente, porque sus tres novelas anteriores (El cuento de la criada, Alias Grace y Nada se acaba) me gustaron muchísimo. Especialmente Alias Grace. Desde que la descubrí me pareció interesante la manera de escribir de esta autora y su modo otorgar a los personajes femeninos poca delicadeza y un nulo sentido del romanticismo. Son malhabladas y desgraciadas.  Desde mi punto de vista, Margaret Atwood es capaz de describir la psicología humana. Es verbalmente potente y muy psicológica. Eso sí, que se abstenga de su lectura quien deteste las historias lentas.
Dicho esto, voy a centrarme en La semilla de la bruja. A veces inicio una novela sin saber muy bien de qué va, y creo que debería ir dejando de lado esta práctica, porque luego no sé ni en qué punto estoy en la historia. No leí la contraportada de La semilla de la bruja y pensé que la novela trataba de una bruja de verdad, de esas de Salem. Pero no.
Antes de seguir os voy a poner en situación (aunque esto lo averigüé después de terminar el libro): la novela forma parte del proyecto The Hogarth Shakespeare, en el que reconocidos autores versionaron las obras de Shakespeare para rendir homenaje en el 400 aniversario de su muerte. Anne Tyler (Reunión en el restaurante Nostalgia) realizó la relectura de La fierecilla domada, Jo Nesbo (Muñeco de nieve) Macbeth, Tracy Chevalier (La joven de la perla), Otelo, y Margaret Atwood, La tempestad, pero la llamó La semilla de la bruja. Así que cada uno de ellos creó un retelling de diversas obras de Shakerpeare. Un retelling, una adaptación de la novela, una relectura, una versión, llamadlo como queráis.
Aunque no he leído La Tempestad (aunque sí muchas otras obras de Shakespeare), tengo la sensación de que La semilla de la bruja me hubiera gustado tan poco que si lo hubiera hecho, y es que la historia se vuelve más y más enrevesada según avanza la trama. El argumento se centra en una venganza (La tempestad trata sobre una venganza, quizás lo sabíais, pero yo no) y dentro de la historia existe una obra de teatro donde interpretan (¡¡sorpresa!!) La tempestad. Es decir, es como un retelling con una obra de teatro donde interpretan la obra en la que se basa el retelling o yo que sé…Es como si en El diario de Bridget Jones interpretan Orgullo y prejuicio, y Renée Zellweger en lugar de ser Bridget Jones es Lizzy Bennet, y Colin Firth es Darcy, aunque en este caso en El diario de Bridget Jones, Colin Firth ya se llama Darcy porque la autora realizó un homenaje al personaje. En fin, un lio. 
Además, los personajes de La semilla de la bruja son raros. Quizás es que no me gustan las historias de venganza porque me parece un recurso fácil para crear un argumento. Y ya sé que El Conde de Montecristo se centra en una venganza, pero es que los personajes vengativos me agotan. En fin, no voy a desvelar por qué el protagonista de La semilla de la bruja busca venganza, pero sí que, como he dicho, me agotó.
La semilla de la bruja no es que me haya parecido mediocre comparada con las otras obras de la autora, lo peor es que si hubiera sido la primera novela de Margaret Atwood que hubiera leído habría parado aquí. Como veis, no me ha gustado nada de nada. Así que he asumido que sus libros me llevan a los extremos.  Para el siguiente, leeré el argumento antes.

La chica del cumpleaños. Haruki Murakami.


Hace tantos años que sigo a Murakami que ya ni recuerdo cuando lo descubrí ni qué fue lo primero que leí de él.
La chica del cumpleaños es un relato, el cual han publicado en una edición ilustrada por la alemana Kat Menschik. Tiene un total de 80 páginas, y diría que la mitad son dibujos de la ilustradora. Lo leí en una tarde, porque no deja de ser un relato más corto que los que aparecen en Hombres sin mujeres. La trama, como bien dice el título, se centra en una camarera de un restaurante de la zona alta de Tokio, a quien le ha tocado trabajar el día de su vigésimo cumpleaños. El gerente del restaurante le encarga un pedido a domicilio, nada más y nada menos que a casa del dueño del restaurante, y a partir de aquí es cuando el surrealismo de Murakami aparece en la historia. Diría que las dos características principales de Murakami son las situaciones surrealistas y los finales poco cerrados, y en este relato se cumplen las dos. Pero a mí estas dos cualidades siempre me han gustado del autor, y especialmente su manera de narrar los sucesos.
Dicho esto, el libro me ha gustado. Si tengo que sacar una pega es que cuesta 15 euros, es más caro que muchas novelas extensas de bolsillo. ¿Y por qué vale tan caro para las cuatro frases que tiene? (es broma, tiene algunas más). Supongo que Murakami se aprovecha de su nombre, Murakami o la editorial TusQuets. Por otro lado, he de reconocer que el formato es una preciosidad y las ilustraciones me han encantado.
Esto me lleva a pesar (desviándome del tema principal, que es hablar de los libros leídos) que últimamente las librerías están llenas de portadas preciosas que hacen atractivo un libro por fuera, aunque no lo sea por dentro. Yo soy la primera que ha juzgado algún libro por la portada, pero últimamente, sobre todo en la literatura juvenil, todos los diseños están exageradamente cuidados. Me parece que ahora también se puede juzgar a un libro por el exterior. Creo que se está creando un proyecto de Marketing donde no debería ser necesario. Un libro no es un perfume, pero, en fin, yo soy la primera que ha comprado libros de encuadernación bonita. Supongo que las editoriales llevan su lema impreso: a la búsqueda de más dinero.

jueves, 5 de abril de 2018

Reseña: Muerte con pingüino



DATOS DEL LIBRO

Título: Muerte con pingüino
Editorial: Blackie Books
Autor: Andrei Kurkov
Nº de páginas: 288
Género: Narrativa
ISBN: 978-84-17059-46-0

Sinopsis.

Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío.
Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta.

 Opinión personal.

Un oficial de policía pasa con el coche y ve a un agente con un pingüino.
–Llévelo al zoo – le ordena.
Algún tiempo después el mismo oficial pasa otra vez con el coche y vuelve a ver al agente con el pingüino.
–¿Qué está haciendo? –le pregunta–. Le dije que lo llevara al zoo.
–Hemos ido al zoo, camarada oficial– dice el agente– y al circo. Ahora vamos a ir al cine.

Así empieza la novela Muerte con pingüino y, sin embargo, no se trata de una comedia, al menos, de una comedia convencional. Tiene sus dosis de humor, y tampoco diría que es un humor negro, más bien se trata de un humor triste y resignado, si es que esto puede llegar a existir.
Ya he hablado otras veces de la editorial Blackie Books, y mi Instagram de Lo que el viento se dejó está lleno de fotos de Prohibido Nacer, de Trevor Noah, e Instrumental, de James Rhodes (a quien fui a ver a Casa del Libro cuando presentó su ensayo Fugas). Soy una pesada con esta editorial independiente, ya lo sé. Lo que no sabía mientras leía a las estrellas y/o hijos predilectos de Blackie Books (Rhodes y Noah) era que lo mejor estaba por llegar. Ahora sí puedo decir que, si las otras obras me gustaron, Muerte con pingüino me ha llevado a la admiración.
Nunca pensé que me toparía con una historia que fuera cómica, absurda, melancólica, emotiva, y tierna al mismo tiempo.
La historia empieza cuando Viktor, un escritor en decadencia que ha sido abandonado por su novia, decide adoptar a un pingüino del zoo. Pensando que el animal resolvería su soledad, se lo lleva a casa cuando el zoo de Kiev atraviesa una crisis y no puede hacerse cargo de sus animales. Sin embargo, el pingüino (Misha), resulta estar tan atormentado como él.
En medio de tanta soledad y apatía, a Viktor le ofrecen trabajo como escritor de esquelas de las llamadas “personas VIP” que todavía están vivas. Lo único que debe hacer es extraer una lista de políticos y algún famosillo y realizar las esquelas. Durante un tiempo le va bien, per todo cambia cuando “las personas VIP” empiezan a morir sospechosamente.
Sin embargo, la historia tampoco es un thriller ni el eje del argumento es descubrir quién está tras las muertes. Más bien, es una exhibición de la Ucrania postsoviética, corrupta, desolada, donde la gente muere y nadie se atreve a preguntar ni el por qué ni el cómo, donde un zoo en decadencia regala sus animales por falta de recursos y donde unos cuantos dólares puede comprar órganos en cualquier hospital con la opción de no querer saber su procedencia. Y dentro de este marco, Viktor trata de encontrar la felicidad junto a su pingüino y Sonia, una niña abandonada que por casualidad ha llegado a él.

Empecé a leer la novela sin saber muy bien el argumento, la contraportada tampoco dice mucho. Al principio sentía que la historia tardaba en desarrollarse, pensaba que era un thriller y no veía el momento en que despegase. Al final supe que estaba leyendo otra cosa y a medida que avanzaba la historia me di cuenta de que estaba mucho más enganchada de lo que pensaba. No era una adición en cuanto a resolución de la trama, ya he dicho que no es un thriller, sino que era una necesidad de estar con los personajes (me podéis llamar rarita por lo que acabo de explicar).


El autor: Andrei Kurkov


 ·        Nació el 23 de abril de 1961 en Leningrado, San Petersburgo. Curiosidad: nació el día del libro y de Sant Jordi, también el día en que murió Shakespeare. De Cervantes, he leído en algunos sitios que murió en 23 de abril y en otros que fue el 22, así que no lo tengo demasiado claro.
·        Trabajó como traductor de japonés. Curiosidad: yo estudié japonés un tiempo, y como no es un idioma muy proclive al estudio, me hace gracia descubrir a otras personas que lo hayan estudiado y lo hablen.
·       Trabajó como vigilante de prisiones, donde empezó a escribir sus primeras obras infantiles.
·    Comenzó su carrera literaria mediante la autoedición, y ahora sus obras están traducidas a treinta y siete idiomas.


 Para terminar, solo puedo decir que para mí ha sido un gran descubrimiento, la novela me ha parecido emblemática y brillante, me daba pena terminarla. Quizás podría haber alargado un poco más la lectura, la terminé en un día y medio. De momento ha sido la mejor la novela en lo que va de año, y muchas sorpresas me tengo que encontrar en los meses que quedan para que abandone el ranking de las mejores.



martes, 27 de marzo de 2018

Relato: Chantal y su burbuja de felicidad


¡Feliz martes a tod@s! ¿Cómo va vuestra semana? ¿Tenéis vacaciones? Yo no, excepto los cuatro días de Semana Santa. 
He estado un mes clavado sin publicar nada, no por falta de ganas sino de tiempo. Acabo de ver que mi última publicación fue el 27 de febrero. En fin, a todo se sobrevive, así que os dejo un relato que se me ocurrió hace algún tiempo pero que no había escrito hasta ahora.
¡Espero que os guste!

Chantal y su burbuja de felicidad

En caso de emergencia, dibuje una puerta (Beetlejuice)

Cuando Mercedes era joven, las personas no comían pescado crudo sobre una bola de arroz. Tampoco se expresaban con palabras complicadas como hipopresivo, zumba, pádel, o utilizaban frases ambiguas aprovechables en más de un contexto, como me estás rayando. Y evidentemente, se conformaban con unas vacaciones a la playa más cercana. En realidad, no era conformismo sino otro modo de ver las cosas. Y ahora… ¿qué es eso de ir a Nueva Zelanda? Mercedes ni siquiera es capaz de ubicarlo en un mapa.
Poco a poco empieza a imaginar los peligros consecuentes. Nueva Zelanda suena a lejanía incalculable en kilómetros, y no le genera seguridad. Ella ni siquiera había tenido una luna de miel decente, cualquiera le decía a su Adolfo que cogiera una semana de vacaciones en la fábrica. Y eso que su Adolfo había sido un gerente querido y respetado.
Pero Mercedes sabe que esa vida ya forma parte del pasado, como un zapato roto, de suela desgastada. Ahora Chantal, ¿se llama así? le parece sacada de otro mundo, como esos documentales sobre extraterrestres que su nieto solía ver en yutup. Hasta el nombre de la chica es extraño. Lo repite para sí: Chan…tal. Chantal. ¿De dónde lo sacaría su madre?
¡Chantal!
Mercedes ha elevado la voz, pero claro, Chantal sigue inmersa en su burbuja de felicidad donde sólo ella decide qué es importante y qué no. Ni siquiera ha hecho el intento de elevar la mirada y toparse con la de ella. Si fuera así, la historia sería diferente.
No hace mucho que Chantal ha llegado del trabajo, o eso piensa Mercedes. Debe de trabajar en alguna oficina, quizás en un banco, porque siempre viste muy elegante. Está demasiado delgada, eso sí, pero es porque necesita comer caliente y no ese pescado crudo llamado susi, ni comida en cajas de a saber qué restaurante de mala muerte. A Mercedes no es que le parezca mal que Chantal trabaje tantas horas, debe de ser una chica lista, con un futuro prometedor y todas esas cosas, pero su casa parece una pocilga y fuma como un demonio. Un demonio fumador, claro.
Mercedes trata de promover la cercanía, y efectúa unos pasos hasta Chantal mientras ella calienta los fideos chinos en el microondas. Nada, la chica ni se inmuta. Entonces, durante un instante, parece que sus miradas se cruzan…No, no ha sido nada, piensa Mercedes desilusionada. En ese momento aparece el gato gris de Chantal, con sus movimientos pesados de ballena, y se deja caer a los pies de su dueña. Lo que le faltaba por ver, gatos con problemas de sobrepeso. Mercedes se siente un tanto desorientada, y sin saber muy bien qué más hacer, cruza los brazos y limita su actuación a la de mera espectadora mientras Chantal responde al teléfono.
Sí tía. Ya ves. Necesito ya las vacaciones. No lo sé, a mí qué me cuentas…
Mercedes empieza a desesperarse. Se acerca a ella y trata de pasarle una mano por la cara. Nada. Es como sacarle la lengua a un ciego. Chantal está demasiado sumida en la conversación, en su burbuja feliz.
Qué ganas de irnos a Nueva Zelanda, tía. Veremos Hobbiton.
Qué manía con irse a Nueva Zelanda, piensa Mercedes.
Entonces, la mujer encuentra un atisbo de esperanza cuando el gato se la queda mirando. Es posible que la haya visto. Dicen que los gatos tienen un sentido especial para estas cosas. Claro, que también es posible que haya tenido una subida de colesterol. Podrían ser ambas cosas. No parece muy asustado, pero sí se mantiene alerta. Y solo entonces Chantal parece asustarse. Mercedes empieza a confiar en el instinto del gato rollizo. Durante unos segundos Chantal aparta el móvil de la oreja y otea el perímetro. Cuando el microondas suena, retoma lo que estaba haciendo.  
Qué susto me ha dado el gato, tía, se ha quedo quieto, ni que hubiera un fantasma.
Y así, todo vuelve a la normalidad para Chantal. Y no es que a Mercedes le sulfure la manera que tiene esa chica de establecer las prioridades, pero piensa que al menos podría recoger los platos cuando termina de cenar.

A Mercedes le sería útil volver ver esa película en la que salía el chico de Dirtidansin. Ese tan guapo que murió hace unos años. Qué pena. Si no recuerda mal, en la peli un mendigo le enseña a tocar los objetos. Si supiera cómo hacerlo la historia sería diferente. Podría lanzar los platos, revolver los muebles, encender y apagar las luces. Con tanto movimiento, Chantal por fin se asustaría.
Ains, por un lado, le sabe mal asustar a la pobre chica. Es verdad que lleva una vida rara y demasiado precipitada, que cambia de novio cada semana, aunque ahora se les llama amigos. ¿Qué es eso de novio? Si no gastase tanto dinero en ropa, en cerveza y en modelitos para ir a la discoteca y la oficina, podría ahorrar y comprarse un piso grande y muebles de calidad. Y también podría comer caliente, que falta le hace. Por otro lado, Mercedes siempre ha sabido reconocer un compromiso. Asustarla es su obligación. Debe aprender a encender y a apagar las luces de casa. Así que urde un plan. Hará como en esas películas que veía su nieto. Se colocará al final del pasillo y cuando Chantal se vaya a dormir verá su silueta. Cuando sumida en la paranoia encienda la luz, Mercedes desaparecerá. Y cuando la vuelva a apagar allí estará ella de nuevo. Hará un auténtico postergueis. Solo espera no tropezar con los zapatos tirados por el suelo, porque Chantal será elegante y lista, pero es una auténtica marrana que se alimenta de comida basura.

Mercedes lleva el día ensayando. Ha aprendido a encender y apagar las luces. El único inconveniente es que ahora el gato gris y rechoncho se ha encaprichado de ella y la persigue tratando de tirar del hilo que cuelga de su camisón. Podría asustarlo, hacer un postergueis, pero es un gatito tan gracioso que no se siente con ánimo de causarle mal. Además, no ha hecho daño a nadie. Chantal tampoco, pero la suerte es la suerte, y quizás tiene mal karma por algo que hizo en otra vida y ahora le ha tocado sufrir las consecuencias paranormales.

Es la hora, Chantal está cenando un tupper que le ha dado su madre. Ni siquiera se molesta en coger un plato, come directamente del plástico entretenida con ese programa de cantantes jóvenes que pretenden hacerse famosos.
Claro, normal que coma del tupper, piensa Mercedes, si es que no tiene ni un solo plato limpio.
Entonces Mercedes sufre un ligero momento de estrés y olvida lo aprendido. La poca materialidad que había conseguido se ha esfumado. Ser un buen fantasma no es como montar en bici, que dicen que no se olvida nunca. Ya no sabe cómo tocar el interruptor. El gato, sin exhibir un ápice de miedo, se le acerca mimoso, y ella siente una fuerte necesidad de acariciarlo. Y sin saberlo, la escena le produce un ligero escalofrío a Chantal, que ha detectado algo anómalo y se ha asustado.
Esa noche Chantal duerme tapada hasta las orejas.

Mercedes empieza a entender que relajada trabaja mejor. Chantal habla por teléfono con una de sus amigas de espinin mientras cuelga en el armario la ropa nueva que se ha comprado por Zalando. Se ve que por internet se puede comprar de todo, zapatos, bolsos incluso ese viaje a Nueva Zelanda. Mercedes aprovecha la ocasión para dar un portazo en la puerta del baño, lo cual provoca en Chantal un estado casi catatónico. Sale a toda prisa del dormitorio y al encontrar todas las puertas abiertas queda sumida en la estupefacción. Ha escuchado la puerta cerrarse, no está loca. El rostro de la chica provoca en Mercedes un terrible sentimiento de culpabilidad. Pero no hay trabajos fáciles, tiene que dejar sus emociones morales a un lado. Chantal cuelga a su amiga e inmediatamente llama a su madre, y con voz temblorosa mantiene una conversación en la que la mujer debe de dejarla como una estúpida paranoica. ¿Cómo va a haber un fantasma en tu casa? Se oye la voz de la señora. A final parece que la convence, aun así, Chantal duerme con la luz encendida y tapada hasta las orejas.

Es el día del gran postegueis. Chantal se ha marchado a trabajar hace un par de horas. ¿Cómo lo hará? Desordenaría la casa, pero ya lo está. Parece que hayan entrado a robar. Mercedes sopesa su gran actuación, en su imaginación todo va sobre ruedas. Quizás se ponga a gritar, o a llorar desconsolada, oír voces de lamento debe de inducir un pánico terrible. Se coloca al final del pasillo, junto a la habitación de los trastos. Desde ese rincón Chantal la podrá oír, y cuando la chica se acerque quizás sienta el goteo del grifo del baño. Entonces entrará, con su paso lento de persona aterrada y encontrará la bañera a rebosar de agua. ¿Se atreverá a quitar el tapón y vaciarla?
Solo espera que la pobre muchacha no tropiece con los zapatos que tiene tirados por el suelo. Hay que ser desordenada para poder vivir en una leonera como esa. Mercedes coge unos botines color beige y al pretender devolverlos al zapatero encuentra que éste es un auténtico caos. Coloca las bambas blancas correctamente para que los botines quepan. Y si las sandalias estuvieran bien ordenadas también cabrían las manoletinas color mostaza. Que chiquilla, esta Chantal. Una cosa lleva a otra o, mejor dicho, un calzado le lleva a otro. ¡Qué cantidad de zapatos, Virgen Santa!
En apenas veinte minutos todos quedan ordenaditos, por colores y tamaños, en el interior del zapatero. Ahora el piso se ve mucho más recogido. Si la cocina estuviera limpia podría remover los cubiertos y los vasos, abrir y cerrar los cajones sin que los restos de la noche anterior salpicasen a nadie.
Allá voy, se dice Mercedes. Es pura practicidad, piensa, con orden se trabaja mucho mejor.

Deben de ser las ocho de la tarde, y en el cielo aún existen vestigios de luz diurna. Es la parte buena de que se acerque el verano, que los días se irán alargando. Mercedes se sienta en el sofá, el día no se ha desarrollado como tenía pensado, pero al menos ha sido provechoso. El gato gris la sigue lentamente y se coloca junto a sus piernas. En ese momento la cerradura de la puerta produce un sonido lejano. Chantal se adentra en el interior del piso, y la expresión de su rostro, que ha empezado siendo recelosa ha dado paso a una extrañeza estupefacta.
Es evidente que ha notado el aroma de limón que desprende el suelo recién fregado. Rápidamente se dirige al dormitorio, abre el zapatero y allí están todos sus zapatos bien colocados. No puede ser, parece exclamar Chantal. La ropa que había tendido hacía diez días ahora reside planchada y doblada sobre la cama. Y lo más extraño, la cama está hecha. Chantal sale del dormitorio, y Mercedes no sabe si está asustada o contenta. Entonces un olor proveniente de la cocina la hace dirigirse hacia allí. Sobre la encimera, hay un plato de lentejas que aún desprende un humo caliente.
Ya haré un auténtico postergueis otro día, se dice Mercedes.


martes, 27 de febrero de 2018

Sobre literatura: Blackie Books



Hace tiempo que quiero hablar de una editorial que descubrí hace unos meses, a finales del año pasado. Se llama Blackie Books y su foco se encuentra en libros que se alejan del panorama comercial.  Esta editorial ha recopilado antiguas publicaciones como El incongruente, de Ramón Gómez de la Serna (Madrid,1888 -Buenos Aires, 1963), que fue publicado por primera vez en 1922.
Además, ha dado paso a nuevos autores, convirtiéndose James Rhodes en la estrella principal de las publicaciones que ofrece esta editorial. De él hablaré más adelante. Antes, quiero aclarar que Blackie Books no tiene demasiados prejuicios con los géneros ya que reúne ensayo, narrativa y literatura infantil (nueva edición de Pippi Calzaslargas, de Astrid Lindgren).
  
Prohibido Nacer.
Memorias de racismo, rabia y risa.
(Trevor Noah)



Este es el primer libro que leí de Blackie Books, trata sobre las memorias infantiles de Trevor Noah, el cómico sudafricano de Daily Show, la serie cómica americana emitida por Comedy Central, que parodia los programas informativos. Podría decirse es un ensayo tragicómico, porque a pesar de la vida dura que esta estrella de la televisión vivió durante su infancia, es capaz de tejer su pasado cayendo en la ironía y evitando el exceso de drama.
En este libro, Trevor detalla su infancia y adolescencia en Johannesburgo. Hay momentos claves en la historia, como su percepción del mundo cuando Nelson Mandela salió de prisión, ese momento en el que todos creían que esto supondría un gran paso para la etnia negra de Sudáfrica.

- Mi madre me quería tanto, que tuvo que tirarme de un coche en marcha para que huyera.
 - Mi padre me quería tanto, que cuando paseaba conmigo lo hacía por la vereda de enfrente, sin mirarme.
- Mi padre era suizo, muy blanco.
 - Mi madre era xhosa, muy negra.
 - Y, según las leyes del apartheid, por ser de razas distintas tenían prohibido hacer el amor.
- Pero al parecer lo hicieron... porque nací yo.
 - Lo peor que podía haber hecho.

Mi valoración del libro es puramente positiva. Lo leí rápido porque es muy ágil y no especialmente extenso. Trevor tiene un carisma difícil de abandonar. Nunca lo he visto en la televisión, en su programa, así que no sé si realmente es un gran cómico, lo que sí puedo decir es que su libro me ha gustado mucho.
No puedo hablar de Trevor sin mencionar a su madre. Prácticamente el libro es un elogio a ella. Y si esa mujer es la mitad de fuerte y valiente en la vida real que en el libro, ya es una auténtica heroína.
Recomiendo esta lectura porque desde mi punto de vista es interesante y la manera de expresarse de Trevor consigue transmitir ese positivismo en un mundo racista y clasista. Nos muestra una visión sobre la parte marginal vivida en Johannesburgo, además de aportaciones informativas sobre la sociedad, como referencias a diferentes tribus y la endogamia entre ellas.

Instrumental
Memorias de música, medicina y locura.
James Rhodes



Como ya he comentado antes, James Rhodes (Londres, 1975) es el autor estrella de Blackie Books. Este es el libro que estoy leyendo ahora, y para ser sincera es bastante duro, ya que, en él, el autor explica los abusos sexuales que sufrió durante años en su infancia. Este hecho le causó diversas secuelas psicológicas, de manera que a raíz de ello tuvo problemas mentales, físicos y desorden alimenticio.
Como he dicho, es bastante duro. De hecho, conocí este libro antes que Prohibido nacer, pero he retrasado su lectura hasta estar segura de que realmente me apetecía leerlo. Todavía no lo he acabado, pero de todos modos es interesante.

Me violaron a los seis años.
Me internaron en un psiquiátrico.
Fui drogadicto y alcohólico.
Me intenté suicidar cinco veces.
Perdí la custodia de mi hijo.
Pero no voy a hablar de eso.
Voy a hablar de música.
Porque Bach me salvó la vida.
Y yo amo la vida.


Fugas
O la ansiedad de sentirse vivo
James Rhodes



Este libro todavía no lo tengo. Lo incluyo en la lista para explicar que el próximo jueves el autor va a realizar una presentación de este libro en la librería Casa del libro en Barcelona, e intentaré asistir. También intentaré tenerlo antes, o quizás me lo compre allí.


Estos son los libros que creo que hasta el momento destacaría de Blackie Books, aunque hay otros títulos que quizás acabe leyendo, como Te están robando el alma y Muerte con pingüino.





domingo, 18 de febrero de 2018

Relato: El mejor modo de vida


¡Hola a todos! ¿Qué tal va vuestro domingo?
No sé por qué los cuentos de hadas son tan susceptibles de versionar, el caso es que me he dado cuenta recientemente de la cantidad de relatos urbanizados que se me ocurren con todas esas princesas.
La primera entrada de mi blog fue Caperucita roja, y después seguí con otros cuentos.

Caperucita roja: Érase una vez

También tengo en el cajón a Alicia y a Blancanieves, pero ya llegarán.
Espero que os guste el relato.
¡Y que conste que de pequeña me gustaban las películas Disney!



El mejor modo de vida

Había una vez una Sirenita que perdió la voz para gustarle a un hombre. Pero no era un hombre cualquiera, se decía la Sirenita, era un príncipe, de esos capaces de romper hechizos, de los que matan dragones con tan solo empuñar su espada y los alejan de tu vida, esos a quienes las brujas, las envidiosas, nunca podrán vencer.

Este es mi mejor modo de vida, se decía la Sirenita, los príncipes no hospedan maldad en su corazón, ni egolatría. Cada paso que dan lo hacen por ti, cada palabra, cada gesto, no es más que el producto de una preocupación mayor. O eso dicen.
Pero como la Sirenita no tenía voz, no podía explicarle al Príncipe todos los hechos que le generaban cierta inquietud, algunas palabras incorrectas en momentos poco adecuados.
Ante la confusión de la Sirenita, el Príncipe fue directo. No me gusta que nades sola porque el mar es peligroso, dijo el Príncipe, lo hago por ti, porque me preocupo y porque te quiero. Me malinterpretas.
La Sirenita recapacitó. Los príncipes eran buenas personas, y el suyo mató a la Bruja por ella. Pero, ¿era realmente una bruja? Empezó a dudar. Lo que ocurría era que el Príncipe no soportaba a esas mujeres que se acercaban solas al fondo del mar, con todos los peligros acechando. ¿Cómo no iba a ser una bruja?

Este es mi mejor modo de vida, se dijo la Sirenita. El Príncipe jamás la humillaría a propósito. Era ella que no comprendía sus bromas. O eso le dijo el Príncipe.
Pero como la Sirenita no tenía voz, no podía explicar todos los actos que le dolían.
Te estoy llamando, ¿por qué no me contestas? Le había dicho el Príncipe. La Sirenita se había despistado, pero ¿tan grave era? El Príncipe estaba exagerando al respecto. Algo de ella no le había gustado, quizás sólo había vuelto de mal humor de su día de caza, y su cabreo había dado paso a una manifestación exagerada.  Esto fue lo que pensó la Sirenita.
Todas las Sirenitas sois malvadas, le dijo el Príncipe con un rencor que nunca supo adivinar de dónde venía, ¿No asesinaban a los hombres en la Isla del Sol? Suerte que el pobre Ulises se pudo defender de ellas.
Pero como la Sirenita no tenía voz, no pudo decirle que La Odisea sólo era una historia inventada por alguien a quien le convino en ese momento perjudicar a las sirenitas.
Pero los príncipes no albergaban maldad. Eran entes dirigentes que brillaban donde el resto palidecía.
Maté a la Bruja por ti, le recuerda el Príncipe, ¿No era envidia lo que sentía ella? Yo te salvé.
Y la Sirenita recapacitó. ¿Cómo no iba a ser una bruja si se había enfrentado a un príncipe? O eso decía él. Las brujas eran malvadas.
Aunque también decía que lo eran las Sirenitas.
La Sirenita se agobió, pero como no tenía voz, no podía desahogarse. Además, empezó a tomarse las palabras del Príncipe como un ataque. Pero él no tardó en ofenderse, y volvió a alegar una mala interpretación de la Sirenita. Él nunca dijo que las sirenitas fuera malvadas. Ella se había confundido. ¿Cómo iba a decir eso? Con todo lo que la quería.

Este es el mejor modo de vida, se convencía la Sirenita. No hay nadie mejor que el Príncipe para mí. ¿Qué iba a hacer sola? ¿A dónde iría?
¿Dónde pretendes nadar, si no sabes? Le dijo el Príncipe.
Pero como la Sirenita no tenía voz, no pudo replicar. Así que para no molestar al Príncipe la Sirenita dejó de nadar. ¿No era eso el amor? Con todo lo que el Príncipe había hecho por ella, ¿no podía devolverle, al menos, ese favor? ¿Qué es el amor sin un poco de sacrifico?

Este es el mejor modo de vida, ¿no? se decía la Sirenita. El Príncipe jamás la controlaría por maldad. Si pretendía saber dónde nadaba era porque se preocupaba por ella. El Príncipe precavió un enfado, y cayó en la excusa más trillada. Quizás la había oído por ahí.
Yo sé cómo son los hombres, dijo, sé cómo piensan, y por eso me preocupo por ti, trato de defenderte de ellos.
La Sirenita no acabó de entender estas palabras. ¿Qué piensan? ¿Son un peligro? ¿Quieres decir que tú también eres así?
Pero no, él era un príncipe, debía der ser el único hombre honrado. Con todo lo que hizo por ella.
Y como la Sirenita no tenía voz, no pudo quejarse cuando le apetecía nadar un poco más y llegar más tarde a casa. Había abandonado el mar por él, su vida anterior estaba allí, entre corales y por supuesto, entre tiburones, pero era su vida y la echaba de menos.
Poco a poco le invadió una terrible sensación de pérdida. La mujer que fue empezó a convertirse en un recuerdo que parecía estancado, como la espuma que flotaba en la orilla del mar.
Pero el del Príncipe era un amor acérrimo, nacido del corazón, y por eso, sólo le bastaba una mirada de ella para percibir el desconsuelo. ¿No te basto yo?, le decía él, ¿Cómo quieres nadar sola, si no sabes? ¿Qué harías sin mí?


Este es el mejor modo de vida, se decía la Sirenita. El Príncipe le había comprado un vestido rosa, acampanado a los lados y brillante en los bajos. Un vestido de princesa.
Resultaba sospechoso que el regalo hubiera venido después de un disgusto.
No hace falta que camines sola por el castillo, la regañó el Príncipe, yo te acompañaré. Y si no puedo, la mujer de mi hermano, una auténtica princesa, lo hará por mí. Pero no hace falta que vayas sola.
Es que quiero ir sola, pensó la Sirenita. No lo dijo, porque había perdió la voz. Pero el Príncipe conocía sus pensamientos.
¿Por qué quieres ir sola?, cuestionó él, ¿Qué maldad cruza por tu mente? Quizás haga yo lo mismo. ¿Qué me ocultas para querer ir sola? 
La Sirenita se puso a llorar, porque claro, no podía hablar. Pero el Príncipe supo consolarla.
Lo hago por ti, te quiero y me preocupo, no quiero que te ocurra nada malo, y tú me malinterpretas, ay, pobrecita, pobrecita…y le acarició la cabeza.
Y así, la Sirenita tuvo un vestido nuevo.
Qué regalos te hago eh, dijo el Príncipe, con todo lo que hago por ti, y tú no me valoras.

¿Este es el mejor modo de vida? se preguntó la Sirenita. Empezó a sentirse como a una inútil, ¿cómo no iba a ser una inútil, si cambió la voz por un hombre? Si fuera la Bruja se defendería. Pero la Bruja nunca perdió su voz por nadie, y el Príncipe la mató porque esas mujeres que nadaban solas, ya se sabía… ¿qué buscaban? La Sirenita empezó a entender que quizás la Bruja no la envidiaba como el Príncipe aseguraba, sólo lo odiaba a él.
Como la Sirenita no podía hablar no pudo defenderse cuando el Príncipe le preguntó dónde iba con dos conchas como sujetador. ¿Pero no era lo que había llevado siempre? La conoció así, con dos conchas y una cola de pez.
¿A quién quieres provocar? La acusó el Príncipe, ¿A los tritones del mar? ¿A los campesinos del pueblo? ¿Tan baja tienes la autoestima que necesitas vestirte así para llamar la atención? Te regalé un vestido y no te lo pones. Ese regalo te lo hice porque te quiero.
La Sirenita pensó que la Bruja jamás se callaría ante un comentario tan terrible como aquél. Pero la Bruja tenía voz. O la tuvo, porque él la había matado.
Las brujas son mujeres envidiosas, y por eso viven amargadas, había dicho él, son unas agresivas que odian a los príncipes.

No creo que este sea el mejor modo de vida, pensó la Sirenita.
Quizás debería volver al mar con su familia y sus amigos. ¿Pero qué hará? Si no sabe nadar. Eso es lo que le dijo el Príncipe. Y los príncipes no mentían. Sólo se preocupaba por ella, porque el mar era peligroso y él pretendía cuidarla. Era ella, que malinterpretaba sus intenciones.

Un príncipe siempre será un príncipe.