Imagen vía Wikipedia
Él estaba entusiasmado, aquella noche el cielo
era un espectáculo. No habíamos visto la aurora boreal, pero sobre nosotros las
estrellas formaban una cúpula perfecta. Me dio miedo quedarme allí encerrada,
bajo ese techo salpicado e inmóvil.
—Allí está Cefeo —dijo.
—¿Dónde?
—Es la que parece una casa.
Luego prosiguió:
—Voy a pedir un café, este frío es terrible.
Cuando se fue, seguí mirando a Cefeo. Parecía una
casa dibujada por un niño, sin puertas ni ventanas, con un tejado puntiagudo
como el gorro de un gnomo. Y entonces parpadeó. Esto fue antes de desaparecer
del cielo. Luego, transcurridos tres o cuatro segundos, volvió. Se reconstruyó estrella
por estrella hasta quedar completa nuevamente.
Mi móvil vibró. Me sorprendió tener cobertura
porque hacía horas que estábamos incomunicados. Era un mensaje nuevo, de un
número desconocido. En la foto de perfil, la hermana de Marcos posaba en una
playa, con un bikini verde.
Perdona que te moleste. Sé que no hablamos desde hace cinco años,
desde que te divorciaste de mi hermano al volver de Noruega.
Pero Marcos ha tenido un accidente de moto esta mañana
y ha muerto.
Leí la fecha: 23 de diciembre de 2030.
