lunes, 30 de enero de 2017

Calendar girl



DATOS DEL LIBRO

Editorial: Planeta
Autor: Audrey Carlan
Nº de páginas: 432
Género: Erótica
ISBN: 9788408157410

Sinopsis.

El acontecimiento del año. Primera entrega de la serie que se ha convertido en un fenómeno mundial.
Mia necesita dinero. Mucho dinero. Para ser exactos un millón de dólares. Y además tiene poco tiempo. La vida de su padre está en juego y ella solo tiene un año para saldar sus deudas. Para ello deberá aceptar un encargo que nunca antes habría imaginado…. Durante todo un año Mia acompañará a lo largo de un mes a un hombre distinto y así conocerá el lujo, diferentes estilos de vida, viajará por muchas ciudades, vivirá experiencias sexuales increíbles... Y hasta puede que conozca al hombre de su vida. Doce meses en cuatro volúmenes. Una experiencia tan sexi, dulce, arriesgada y caliente que tu libro podría fundirse.

Opinión personal.

Dicen que no hay que juzgar un libro por la portada, pero reconozco que en cuanto vi la primera parte de esta saga en los estantes del Fnac, algo llamó mi atención. Y juzgué bien. La novela tiene un estilo ágil y la lectura resulta muy fácil y rápida, en pocos días ya había terminado el primer trimestre de Mia como escort. Pero no fue la agilidad del texto lo que me atrajo mientras leía, sino la propia protagonista y la manera de afrontar su gran problema. No soy muy fan de las novelas románticas en las que una chica tímida, de las que pasan desapercibidas, logra enamorar al chico malo, atormentado y posesivo. Esas en las que ellos suelen excusarse mediante un trauma infantil o juvenil o lo que sea, y así defienden esa necesidad de control insana. Reconozco que por un momento temí que Calendar girl fuera otra más, pero no resultó así. Aquí, el carácter fuerte lo pone ella, Mia, que es motera y se busca la vida sin ayuda de nadie. Y él, Wes, es un chico bonachón que por amor la apoya en su decisión. Quizás por eso me apasionó desde el principio. A mí, los atormentados Christian Grey y las virginales Anastasia Steele empiezan a aburrirme.  

El caso es que Mia es el personaje fuerte, con su moto y con su chupa, decide qué hacer a cada momento. 


Aparecen tres personajes masculinos, sin tener en cuenta al mafioso que amenaza con matar a su a su padre.
Wes, enero: enseguida se advierte la química entre los dos. Me ha parecido el chico bueno y cariñoso que todas querríamos presentar a las amigas. Es surfista y feliz, y además tiene un físico de infarto. Guapo y feliz, ¿qué más se puede pedir?
Alec, febrero: Bohemio con una manera muy abierta y libertina de vivir la vida. Reconozco que su filosofía es difícil de rebatir, su mentalidad es una garantía de echar a un lado los problemas y el estrés, el dolor emocional. Aunque hay que ser muy abierto de mente para poder participar en su juego de amor libre. Me gustó que Mia se desprendiera de esa imagen de mujer dura y no temiera mostrar su vulnerabilidad.
Tony, marzo: Sin duda la parte tierna de la historia (no quiero hacer spoilers). Me gustó que Mia encontrase a un amigo.  





Para acabar, tengo que admitir que durante la lectura no he podido evitar imaginar a Mia como Kat Denins. Morena, alta, natural, con curvas, sexy. Quizás es porque adoro a esta actriz y me parece una de las actrices más bellas que existen en Hollywood. 

jueves, 26 de enero de 2017

Desconocida


Ramón Gisbert, profesor de Filología Románica de la Universidad de Barcelona, aún no entiende cómo se ha entretenido tanto. Siempre ha sido una persona puntual, actúa como dirigido por un reloj preciso y exacto, pero hoy, por alguna extraña razón que no consigue deducir, llega tarde. 
Se ha levantado al sonar el despertador, y lo ha hecho sin pereza a pesar de haber dormido poco y mal. Enseguida se ha calzado las zapatillas que compró la semana pasada en una tienda del Borne, y el contacto del pie con la felpa suave le ha provocado una ligera e inmadura felicidad. No le importan los cuadros coloridos y estampados, ni que éstos hagan pensar en un anciano, porque aquellas zapatillas le gustan y, con ellas, se siente cómodo y hogareño. Después se ha dirigido al baño y se ha metido en la ducha. Ha desayunado lo mismo de todos los días, dos tostadas con mantequilla y café con leche, y se ha vestido con la primera camiseta que ha encontrado, y unos vaqueros un poco desgastados por los bajos. Ramón repasa los hechos, calcula el tiempo invertido, y piensa que no se ha entretenido especialmente, ni en la ducha, ni en vestirse, ni en el desayuno. Ha tardado exactamente lo mismo que otros días. O al menos, eso le parece a él, porque aun así llega tarde. 
Son las siete y media de la mañana cuando cierra la puerta de casa y baja las escaleras, frotando contra las paredes la bolsa que lleva cruzada con los libros y los apuntes. En el segundo piso mira el reloj de pulsera, con la concentración que requieren los relojes que no llevan números. Piensa en comprarse otro que muestre la hora de una manera más clara, pero enseguida la angustia florece en su expresión al pensar que tendrá que decirle a Natalia que aquel reloj que le regaló no le acaba de gustar. Algo a su alrededor se ensombrece. Además, hoy debe disimular la impaciencia que le causa mirar el reloj, porque Natalia lo acompaña. Normalmente, como ella abre la clínica veterinaria a las nueve, salen por separado, cada uno por su lado, pero hoy es diferente porque, llega tarde.
En la calle caminan juntos hasta el metro. Ella le coge muy fuerte de la mano y se acerca a él hasta que los hombros se rozan. Ramón se limita a devolverle una sonrisa que, aunque ella no se dé cuenta, es completamente forzada. Y claro, Natalia le cree cuando él se deshace de una manera sutil y le explica que, con este calor que hace, le sudan las manos.
Hace apenas un mes que viven juntos, en el piso de él, situado en la calle Mallorca, el cual de repente ha empequeñecido. Ramón se pregunta si un piso puede encoger en cuestión de días. Pero los pisos no encogen, sino los espacios libres. Reflexiona. No sabe cómo ha acabado viviendo con Natalia, de la misma manera que no sabe por qué llega tarde. Si no quería vivir con ella, ¿por qué dijo que sí cuando se lo propuso? Quizás aceptó porque le cuesta estar solo. Sabe que es de ese tipo de personas que siempre necesita a alguien. Siempre lo ha necesitado y siempre lo necesitará. De aquellas personas que cuando concluyen una relación no tardan en empezar otra. Es como una enfermedad. Quizás está enfermo. De repente lo ve claro. Él quiere a Natalia, está enamorado, sino no viviría con ella. Lo que pasa es que el piso es pequeño. Pero esto tiene solución. Esa misma noche hablará con ella. Comprará un regalito que le dará después de cenar, y entonces soltará la noticia, porque está convencido: deberían casarse y comprarse una casa. De repente, la voz de Natalia preguntando si olvida algo lo devuelve a la realidad. Piensa un segundo, y responde que no, que lo ha cogido todo porque se prepara la bolsa por las noches. Ella ríe y le comenta que es un desastre, y que si no se deja la cabeza es porque no puede.
Llegan a la estación. Es un día de primavera y el cielo se empieza a vislumbrar un matiz gris que pronto se convertirá en azul claro. Bajan las escaleras del metro y, en el andén abarrotada, esperan un minuto. 
El metro por fin llega y tras detenerse, las puertas se abren, primero entran unos chicos y después una anciana a la que una mujer ofrece el sitio. Ramón y Natalia se agarran a la barra, y entonces ella inicia una conversación. Siempre lo hace, y a él a veces le resulta difícil seguir el hilo de sus diálogos largos y siempre tan enrevesados. A menudo se pierde en sus palabras, pero ahora no la quiere ofender y va diciendo que sí. 
Un tanto agobiado por el día atípico que le ha tocado vivir, Ramón gira la cabeza y es en ese preciso instante cuando la ve, sentada en los asientos contiguos. De pronto siente pánico al pensar que Natalia se dé cuenta de que ha mirado a otra chica, y entonces dirige su atención hacia ella, la mira a los ojos mientras continúa planeando qué harán el fin de semana. Él desvía la mirada, la chica tiene el pelo más corto de lo que le había parecido a primera vista, por debajo los hombros. Lleva el flequillo cogido con una pinza, y el pelo se le extiende un poco alborotado. Él también lo tiene alborotado, pero de una forma diferente. A ella le queda bien así y no se la imagina de otra manera. Tiene una belleza natural, poco artificial. Se fija bien y divisa unos pendientes pequeños en forma de perlas. Mira Natalia, que se acerca y le dice algo al oído. No comprende bien qué le ha dicho pero sonríe, porque la sonrisa es la respuesta estándar. Mira a la chica, que va leyendo. ¿Cómo no se ha dado cuenta antes? 
Llegan a Tetuán, las puertas se abren, sale gente, entra gente, y finalmente, vuelven a cerrarse. La chica mantiene los ojos fijos en el libro sin levantar la cabeza, y él alterna miradas hacia delante, donde se encuentra Natalia y hacia la izquierda, donde está la chica. En ese momento ella recibe un mensaje al móvil y cierra el libro para poder contestar. Cuando lo hace Ramón consigue ver la portada y descubrir que la chica lee la Eneida. El enamoramiento es instantáneo.
Los dos asientos que hay junto a ella quedan libres cuando dos chicos se levantan, pero Ramón, por timidez o bloqueo de los sentidos, no se mueve. Sin embargo, Natalia es rápida. Ella ocupa el asiento que está más lejos y deja libre el del lado de la chica. Ramón se sienta, indeciso, un poco violentado. La chica, que ha dejado de leer, le ha dedicado una mirada furtiva cuando ha pasado por su lado. ¿Cuántos años tendrá? 28, 29, 30. Quizás. No, no debe llegar a los 30. Debe mirar de nuevo. 25. Con 25 es demasiado joven para él. Nunca ha sabido calcular edades. Hace una media. 27. Sí, esto está mucho mejor, tiene 27 y punto.
Ya la ha mirado una vez, disimulando estúpidamente, así que no puede repetir el gesto en un buen rato. Los chicos que están de pie, justo delante de ellos, se van y Ramón clava los ojos al cristal oscuro de la ventana de enfrente. Lo hace un segundo e inmediatamente mira a Natalia de reojo. Después desliza la mirada a través del cristal al mismo tiempo que la chica y se encuentran. Ella baja los ojos y él se aclara la garganta. Vuelve a mirar a Natalia. La chica comienza a leer otra vez. Natalia, que ha notado su despiste, aunque no el motivo, pronuncia su nombre ¡Ramón! Él la mira y sonríe, porque la sonrisa es la respuesta estándar. La chica ha dejado de leer, ha cerrado el libro lo mantiene cogido con las manos. La portada tiene unas letras grandes y negras que resaltan en el dibujo color crema. La Eneida, Virgilio. 



Están a punto de llegar a Paseo de Gracia, esto quiere decir que Natalia bajará. Ramón sólo tendrá unos minutos escasos antes de llegar a Universidad y bajar del metro para decirle algo. Pero, ¿qué puede comentar que no suene un poco a tópico? Bueno, flirtear queda descartado. La chica debe de haber visto a Natalia y, ¿qué pensará si de repente emprende una conversación interesada? Una alternativa sería fingir que algo se le cae al suelo. Si ella lo recoge, la conversación está garantizada.
Pero llegan a Paseo de Gracia y Natalia no baja. Coge del brazo a Ramón, realizando un gesto cariñoso que a él, en cambio, le parece angustioso, y se le acerca, pega los labios en sus mejillas como si le quisiera besar. Le dice que como es muy temprano lo acompañará hasta Universidad. ¿Y después volverás? Pregunta Ramón, queriendo ostentar la simplicidad de la acción. No le dice que no es necesario, porque no quiere que se enfade, además, las puertas ya se han cerrado, y Natalia sigue a su lado, así que es tarde para tentativas exasperadas. La chica, tras introducir el libro en el bolso, se levanta, se acerca a la puerta y se coloca justo delante del botón verde que la abrirá en la siguiente parada.

lunes, 23 de enero de 2017

Posdata: te quiero


Editorial: S.A. DATOS DEL LIBRO.
AUTOR: CECELIA AHERN. 
Nº DE PÁGINAS: 368 PÁGS.
GÉNERO: ROMÁNTICA.
ISBN: 9788466639071


Sinopsis.
Hay personas que esperan toda la vida para encontrar a su alma gemela, pero ese no es el caso de Holly y Gerry. Se conocían desde el instituto, y sentían como si siempre hubiesen estado juntos. Podían acabar las frases del otro, e incluso cuando discutían lo hacían riendo.
Holly pensaba que no podría vivir sin Gerry. Pero tres meses después de su muerte, recibe un misterioso paquete. Él le ha dejado una serie de cartas, en las que con ternura, sabiduría y humor, la anima a seguir adelante.
Emocionante y divertida, esta novela –publicada anteriormente con el título Posdata: te amo– es un best seller internacional del que se han vendido más de 100.000 ejemplares en castellano, y ha sido llevada al cine con Hilary Swank y Gerard Butler en los papeles principales.



Opinión personal.
Ésta va a ser la primera vez que hable de forma negativa en mi blog. Sólo es mi opinión, y entiendo que haya personas que no la compartan, ya que se trata de un best seller, y eso debe significar que le ha gustado a muchísima gente. Sin embargo, no es mi caso.
Empecé a leer la novela porque su éxito mundial llamó mi atención y el tema principal parecía dulce y emotivo. Sin embargo, unas pocas páginas bastaron para saber que no me gustaría. Y era una lástima, porque la idea era buena. A medida que iba leyendo, la historia se me hacía más y más pesada, me daba pereza continuar leyendo.
El texto me resultaba bastante pobre, sin profundizar demasiado en descripciones ni sentimientos ni en nada. Vamos, que parece que la escritora le haya dedicado un par de noches y hala, ya tenemos novela. Pero un texto pobre puedo aguantarlo, he leído novelas que he considerado mal escritas y que me han gustado. Lo que realmente me echaba para atrás era el egocentrismo de la protagonista. En pocas palabras, me pareció un poco mojigata y estirada, alguien que no acepta que pueda haber alguien con opiniones diferentes a la suya (me da pena su pobre hermana). Entiendo que su marido ha muerto, que está triste, que debe de ser una tragedia enorme, pero los de alrededor (incluida su pobre hermana) no tienen culpa. La verdad es que creo que la protagonista viene así de fábrica. En un flashback, Greg aún está vivo, sale  un viernes de trabajar y al llegar a casa se encuentra con que su marido ha invitado a sus amigos. Bien, pues Holly se coge un cabreo de órdago porque ella quería descansar y no tenía ganas de fiestas. Su marido le dice (no así, pero la filosofía es la misma): hija, que es viernes. Ella se cabrea todavía más y ambos discuten. Pues sí, ella ya era una corta rollos antes de que su marido muriera.
Supongo que cuando el personaje principal "no entra", poco hay que hacer con la novela.

E insisto, el argumento principal es una idea genial, dulce y tierna. Incluso Greg me parece un buen tío. Pero ella...no puedo.
























sábado, 21 de enero de 2017

Destino: Milán



No recordaba mi última visita a la estación de Francia. Cuando viajaba, solía hacerlo en avión, así que casi había olvidado su magnifica estructura. Mi abuelo, que había sido revisor hasta su jubilación, siempre decía que las estaciones eran un nido de abstracción, y que si alguna vez me fijaba, vería a las personas sumidas en sus propios pensamientos. En las estaciones grandes no se habla mucho, la gente sólo merodea y observa
Hacía diez minutos que esperaba a mi hermana en el bar, cuando una señora italiana, alta y voluminosa, se me acercó y me mostró su billete. Con un castellano torpe me explicó que viajaba a Milán. Yo también iba a Milán, así que era probable que nos encontrásemos en el tren, pero como siempre he sido reservada y poco habladora con desconocidos, me callé y no se lo dije. Le señalé el camino hacia el andén y ella se alejó, poco convencida, girando repetidas veces la cabeza hacia mí para asegurarse de que tomaba la dirección correcta. Yo la guié con la mano hasta que desapareció con su vestido negro y sus tacones escandalosos. Cuando se hubo marchado me adapté otra vez en el taburete. El camarero retiró el plato vacío del croissant  y dejó el cortado, y enseguida se puso a comentar con otro camarero el nuevo fichaje del Barça. Tenía la sensación de que últimamente todo el mundo hablaba de fútbol.
Terminé el cortado y pagué con cinco euros. Después arrastré mi maleta roja hasta los andenes, donde me senté un banco de mármol. El sol de agosto se colaba por el techo y los rayos caían en vertical. Miré alrededor. Anna no aparecía. Ni siquiera me había escrito para decirme que llegaría tarde. No me sorprendí, porque nunca había sido puntual.
Aquel viaje había sido idea de mi hermana pequeña. Aquel verano yo vivía una de esas etapas difíciles que es mejor no recordar y ella, que siempre ha sido más aventurera que yo, se propuso animarme a toda costa. Hacía dos meses que me habían despedido y desde entonces no había conseguido ni una sola entrevista. Mi despido no había sido lo que se dice delicado. Si es que algún despido puede serlo. Un día, al llegar a la oficina, el vigilante de seguridad me prohibió el paso. Al parecer, recursos humanos así se lo había ordenado. Al principio no supe reaccionar, me limité a permanecer quieta con semblante estúpido. No comprendía nada en absoluto. Después pedí explicaciones. Me dieron una pegatina de visita, y subí a la octava planta, donde una becaria me hizo firmar el despido. Sé que en momentos de crisis no es normal sentirte aliviada, ni es maduro, ni valiente, pero pensar que no volvería a ver a mi jefe nunca más, reconfortaba el haber sido despedida.
Será cierto que las desgracias nunca vienen solas, porque dos semanas después mi novio salía por la puerta con las maletas hechas y una lista de cosas que debíamos repartirnos. Tampoco fue normal, ni maduro ni valiente preocuparme más por cómo pagaría yo sola el alquiler que por no haber sido capaz de conservar una relación. Y cuando llegué a la conclusión de que me las apañaría durante un tiempo, me sentí más tranquila.
Me sentía como si nadara en un océano sin saber dónde estaba la costa más cercana, y como no dejaba de quejarme por lo poco definida que estaba mi vida, mi hermana me regaló para mi cumpleaños un billete de tren dentro de una caja de zapatos. Me dijo que recorreríamos toda Italia. Al principio lo rechacé. En realidad no me apetecía viajar a ningún sitio, porque en mi cabeza sólo existía la idea de encontrar un trabajo lo antes posible. Además no me parecía sensato marcharme estando en paro.
Por desgracia siempre he sido fácil de convencer y mi hermana, con el don de conseguir lo que se proponga, logró que accediera. Cuando me di cuenta, estaba comprando guías de Florencia y Nápoles en el Fnac.
Como ya he dicho, me senté en un banco de mármol mientras el sol me caía como una manta en la cabeza. Aburrida, paseé la mirada por el recinto. El reloj marcaba las cinco y veinte de la tarde. Mi hermana llegaba media hora tarde. A mi derecha unos niños miraban las maquetas mientras su madre los seguía y señalaba con un dedo el cristal que las protegía. Delante, un chico joven con gafas de sol caminaba nervioso de un lado a otro. Entonces me di cuenta de que mi abuelo tenía razón. La gente no hablaba mucho en las estaciones grandes.
Al poco mi hermana apareció por la puerta central. Además de unas gafas de pasta y una camiseta moderna que enseñaba el tatuaje de su hombro traía consigo la energía de quien ama la vida de verdad. Al verme, levantó la mano y la sacudió para saludarme. Por la forma en que se detuvo a mi lado intuí que su  maleta (el doble de grande que la mía) debía de pesar muchísimo. Cuando me quejé de la hora ella no me hizo caso, me dijo vamos, que el tren ya espera. Así que caminamos hacia la cola, y nos situamos las últimas. Al levantar la cabeza vi a la señora italiana que me había hablado en el bar.  Desde lejos parecía aún más elegante.


El compartimento me pareció pequeño. Las camas sin hacer sólo eran asientos. Yo ocupé el lado de la ventana y mi hermana permaneció apenas un minuto a mi lado. Se levantó y comentó que le gustaría inspeccionar los vagones. ¿Pero qué quieres inspeccionar si son todos iguales? Le dije. Pero ella ya había salido del compartimento y buscaba curiosa el camino del bar. Me preguntó si quería algo y cuando le dije que no desapareció. Enseguida vuelvo, y su voz se difuminó con la de otros pasajeros.

Me puse a mirar por la ventana, y en ese momento el tren inició su marcha. Clavé mi atención en lo que había al otro lado del cristal, poco a poco Barcelona iría quedando atrás. Fue entonces cuando realmente me alegré de haber aceptado el regalo de mi hermana.

jueves, 19 de enero de 2017

La La Land


Título: La La Land
Año:2017
Duración:  2h 8 mim
Género: Drama, musical
Director: Damien Chazelle 
Intérpretes: Ryan Gosling, Emma Stone

Sinopsis.

Mia (Emma Stone) es una aspirante a actriz en Los Angeles que se gana la vida como camerera mientras trata de cumplir su sueño. Tras varios encuentros casuales con Sebastian (Ryan Gosling), un compositor de jazz con unos ideales muy definidos acerca la música comercial, surge entre ambos un sentimiento de afinidad.
Lo que empieza con una serie de encuentros desagradables da paso a una relación amorosa basada en la amistad y la complicidad.
Sin embargo, las relaciones no son perfectas, y a veces las buenas intenciones no son suficientes para crear un marco idílico.

Mi opinión personal:

Decir que salí fascinada del cine sería quederme corta. No sólo la estética (con ese toque naif que tanto me apasiona) es impecable, sino que la banda sonora, el diálogo, la actuación de los dos protagonistas consiguió emocionarme minuto tras minuto.
Hacía tiempo que tenía ganas de ver este film, aunque la verdad, me motivaba más la curiosidad que las cuatro pinceladas que conocía de él. Fui a verla con unas expectativas bajas, pensando: a ver dónde está tanto revuelo. Y dos horas después, salía de la sala con esa sensación emotiva que dura horas. Quizás sea porque todos aspiramos a encontrar en nuestra pareja al mejor amigo, esa persona ante quien poder desnudarse emocionalmente sin sentirse vulnerable. Esta afinidad es algo que pude ver reflejado en la película, y no sé si será cosa de la maestría del director o es que Ryan Gosling y Emma Stone forman la pareja perfecta (por algo es la tercera vez que trabajan juntos).



Emma Stone: hace tiempo que esta actriz se convirtió en una de mis preferidas. Después de ver Criadas y señoras supe que había nacido una de mis referentes. Es natural y atractiva, y en la película han cuidado con suma delicadeza cada una de sus apariciones. Lo que me gusta de ella es la capacidad de hacer fuerte a su personaje, de dotarlo de inteligencia y lealtad a sí misma.  




Ryan Gosling: Dejando de lado su atractivo físico, su gran aportación sigue siendo esa pose de chico meláncolico, un tanto sufridor, que genera el misterio difícil de ignorar. La diferencia es que en esta película baila (nada menos que claqué), y la precisión con que se compenetra con su compañera de reparto resulta admirable. Empaticé enseguida con su gran dilema interno: 
¿vivir del arte comercial y conseguir una estabilidad o mantenerse fiel a su amor por el Jazz, un genéro en peligro de extinción? 




Para concluir, La La Land es una película que recomiendo totalmente, ya que genera una gran pregunta: ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar por cumplir nuestro sueño?


viernes, 13 de enero de 2017

1984


Hace un par de días mi hermano me preguntó qué tenía 1984 para que yo la posicionase en el top5 de la literatura. Estábamos en Casa del libro, y yo iba toquetando las portadas que me interesaban mientras realizaba una wishlist mental. A su pregunta, se me ocurrieron mil motivos que aportar, pero como sabía que no ofrecería una respuesta concisa, me limité a decir con admiración: si lo leyeras lo sabrías.  Y es que en ese instante no creía encontrar las palabras adecuadas que dignificasen la novela. 
Creo que lo convencí, o al menos le generé curiosidad sobre El gran hermano.
Quizás es porque siento debilidad por los futuros distópicos donde una dictadura o un sistema político centralizado trata de erradicar la capacidad de pensar del ser humano, como en un Mundo feliz o Farenheit 451, pero mi argumento es bastante simple: 1984 me hizo pensar mucho. Me hizo pensar en la falta de seguridad que posee la sociedad, en la facilidad de gobernar a un grupo de personas, cuando éstas lo que buscan es pertenecer a un sistema. Me hizo pensar en si las personas, en realidad, somos un poco ovejas.
Por eso me da pena, y sí, pena es la palabra, cuando veo que la huella de George Orwell ha evolucionado hacia un programa en la cúspide de la telebasura.